En nuestra cultura latina, el apodo manda. Da igual si te llamas Juan, María o José… si te dicen El Gordo, La Flaca o El Chino, así te quedas para toda la vida. Hablamos de cómo los apodos se convierten en una segunda identidad, al punto de que muchas veces ni sabemos el nombre real de la persona… y peor aún, ¡el tuyo casi nadie lo usa! ¿Te llaman por tu nombre o por el apodo?
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